Recuerdo mis gatos y tantas cosas.Pero a ellos de un modo especial. Andy,el más cariñoso,el que me permitía molestarlo y ajustar mis pesadeces siempre regresa a mi mente de modo peculiar. En casa teníamos un pequeño negocio de videojuegos y aquello era un hervidero de chiquillos,pero siempre buscaba un espacio para encariñarme con mis gatos.Negri,la madre,no me gustaba mucho,ni yo a ella.Era arisca,o no tanto,sino que no le gustaba como a su hijo que la estuviera mortificando. En las noches,que son los espacios de mayor complicidad con los recuerdos juego con ellos desde lejos,muevo los hilos de la nostalgia y están ahí,alegrando la casa con sus alborotos,hurtándole a los vecinos los pescados que dejan mal puestos o arañando levemente mis brazos,como diciendo,aquí estoy.Soy hijo de las extrañezas y del tiempo que huye.Siempre estoy,como buen soñador en el pasado o en el futuro. Como mi madre,vivo como si mis días fueran una novela.No acierto a comprender el hoy y lo inmediato,creo que por eso siempre tengo una sonrisa a lo tonto. De las maneras de querer prefiero las esquivas,esas que te abandonan y se esconden,por lo que logran mantener el misterio de lo inaccesible,la aventura de la conquista.Así han sido mis gatos,cariñosos y esquivos,generosos y pícaros.Y así quisiera que en lo próximo fueran mis relaciones con los humanos
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